Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: 17 de Marzo: San Patricio, obispo (Patrono principal de Irlanda)

Texto del Evangelio (Lc 10,1-12.17-20): En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir Él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos: rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: ‘Está cerca de vosotros el Reino de Dios’. Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: ‘Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el Reino de Dios’. Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo».

Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les contestó: «Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

«Designó el Señor otros setenta y dos»

Fr. Gavan JENNINGS
(Dublín, Irlanda)

Hoy celebramos el gran “Apóstol de Irlanda” del siglo quinto, san Patricio. Un santo que es reverenciado no sólo en el país al cual llevó la fe católica, sino también en bastantes otros países del mundo que, a su vez, en los siglos XIX y XX, fueron evangelizados en buena parte por emigrantes y misioneros irlandeses.

En el Evangelio de su fiesta se nos narra como Jesús «designó otros setenta y dos y los mandó por delante de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir Él» (Lc 10,1). De alguna manera, resulta irónico que éste sea el pasaje seleccionado para la fiesta de un santo que, como un caso singular entre todos los grandes misioneros, él solo, sin ayuda de nadie, convirtió a toda una nación del paganismo a la fe católica. Siendo adolescente, llegó por primera vez a Irlanda como esclavo, procedente de la Gran Bretaña romana, y llegó muy solo. Algunos años más tarde, después de recibir la ordenación sacerdotal y episcopal, volvió a la gente que lo había esclavizado, deseando profundamente ganarlos para Cristo, y una vez más estuvo totalmente solo.

De nuevo aparece como irónico que el Evangelio de hoy incluya estas palabras de Jesús: «La mies es abundante y los obreros pocos» (Lc 10,2), como si no fuera posible la cosecha si no es contando con muchos sembradores, como si la evangelización del mundo fuera una “cuestión de números”. Pero quizás a través de esa “escasez” de trabajadores Jesús quiso también referirse al déficit personal de santidad: Cristo no requiere de multitudes para convertir el mundo; Él necesita santos. Incluso un solo santo puede convertir una nación entera, tal como hoy contemplamos en san Patricio. El Papa Francisco nos recordó que son esos hombres y mujeres cuyos corazones están llenos —tal como era en san Patricio— del fuego del Espíritu Santo, quienes iniciarán «¡una nueva etapa evangelizadora más fervorosa, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin y contagiosa!».