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Contemplar el Evangelio de hoy

Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)

3 de Septiembre: San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia

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Texto del Evangelio (Lc 22,24-30): En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir sobre quién sería considerado mayor. Pero Jesús les dijo: «Los reyes de las naciones las dominan, y los que tienen potestad sobre ellas son llamados bienhechores. Vosotros no seáis así; al contrario: que el mayor entre vosotros se haga como el menor, y el que manda como el que sirve. Porque, ¿quién es mayor: el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la mesa? Sin embargo, yo estoy en medio de vosotros como quien sirve. Vosotros sois los que habéis permanecido junto a mí en mis tribulaciones. Por eso yo os preparo un Reino como mi Padre me lo preparó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino, y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel».

«Yo estoy en medio de vosotros como quien sirve»

Rev. D. Joaquim MESEGUER García (Rubí, Barcelona, España)

Hoy Jesús da una gran lección a sus discípulos sobre la naturaleza y el sentido de la autoridad, que no es un poder despótico sobre los demás, sino un servicio que ayuda a crecer al prójimo para que se encamine por la ruta del bien y llegue a ser de veras hijo de Dios. El modelo de autoridad en la Iglesia es el mismo Jesucristo; y a él se configuró san Gregorio Magno, Papa, en la vida cristiana y en su ministerio pastoral. Por amor al prójimo, aceptó la carga pastoral cuyo ejercicio Dios le pedía, cuando su deseo era la vida monástica.

Jesucristo, con sus palabras y su ejemplo, enseñó a sus discípulos este principio: «Que el mayor entre vosotros se haga como el menor, y el que manda como el que sirve» (Lc 22,26), y lo ratificó con la entrega de su vida para nuestra salvación: «Yo estoy en medio de vosotros como quien sirve» (Lc 22,27). Imitando a Cristo, san Gregorio Magno hizo de este principio el eje de su vida, sin deseo alguno de protagonismo ni de afán por estar encima de los demás, sino todo lo contrario, con un anhelo de buscar la santidad en el amor y servicio al prójimo por amor a Dios que se lo pedía.

Sin embargo, san Gregorio, en medio del trajín que su ministerio le ocasionaba, ya que tenía que preocuparse de muchos asuntos temporales, siempre sintió añoranza por el monacato, que había dejado atrás para asumir el cargo pastoral que a veces se le hacía pesado; anhelaba una vida más recogida para contemplar y orar con mayor intensidad, pero fue obediente a Dios y así lo expresó: «Por amor a Cristo, cuando hablo de Él, ni a mí mismo me perdono». San Gregorio fue siempre un gran contemplativo en la acción.

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