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Contemplar el Evangelio de hoy

Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)

10 de Noviembre: San León Magno, papa y doctor de la Iglesia

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Texto del Evangelio (Mt 16,13-19): En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles Él: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo».

Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

«No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos»

Rev. D. Vicenç GUINOT i Gómez (Sant Feliu de Llobregat, España)

Hoy celebramos la santidad «de uno de los más grandes papas que han honrado la sede de Roma (…). Su pontificado (s. V) duró más de 21 años y ha sido sin duda uno de los más importantes en la historia de la Iglesia» (Benedicto XVI). Además de diversas acciones por la paz —protegiendo a Roma de la devastación de los bárbaros—, el Papa san León destacó porque su voz se hizo oír en el concilio de Calcedonia (a. 451) defendiendo la doble naturaleza —humana y divina— de Cristo. Los padres conciliares clamaron diciendo: «Pedro ha hablado por la boca de León».

El Evangelio de hoy es elocuente. La pregunta de Jesucristo sobre su propia identidad demuestra la finura pedagógica del Maestro. Él quiere conducir a los discípulos hacia una verdad alejada de las opiniones humanas que equiparan a Jesús de Nazaret con uno de los grandes hombres del judaísmo.

Pedro, en consonancia con su talante impulsivo, responde rápidamente: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16). Simón no habla de Jesús como de un gran hombre; decir eso sería decir poco, sería faltar a la verdad. Está afirmando la condición divina del Hombre al que sigue. Y Jesús lo confirma, al mismo tiempo que le hace notar que esta respuesta va más allá de su capacidad humana: ¡viene de arriba! También a nosotros, como discípulos, nos llega la misma pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mt 16,15).

El Papa León Magno decía que la profesión de fe de Pedro era la roca sobre la cual descansaba la Iglesia. Igualmente, sin el auxilio de lo alto nosotros tampoco podríamos ser discípulos de Cristo. Ciertamente, Jesús es un hombre admirable, un guía espiritual, una voz profética… pero para llegar a ser su discípulo es necesario “creer” en Él. Sólo así se llega a ser discípulo, partiendo de la fe.

Con Pedro confesamos nuestra fe en Jesús porque, como dice el Papa Francisco, Él «te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte».

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