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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: 14 de Diciembre: San Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia

Texto del Evangelio (Lc 14,25-33): En aquel tiempo, mucha gente caminaba con Jesús, y volviéndose les dijo: «Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

»Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’.

»O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz.

»Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío».

«El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío»

Rev. D. Joaquim MESEGUER García
(Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, al celebrar a san Juan de la Cruz, descubrimos un espejo en el que nos vemos reflejados. Pero cuando los santos son un espejo, acabamos descubriendo que no lo damos todo por Dios, que somos egoístas y que en nuestra vida hay poca oración. Ver a los santos nos da miedo, porque son profetas que llaman a la conversión y nos recuerdan las palabras impresionantes de Jesús: «Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío» (Lc 14,27).

San Juan de la Cruz nos ayuda a ver el camino a recorrer y nos estimula a volver al Maestro, aunque nos encontremos en la noche del pecado y la tibieza. San Juan de la Cruz sintió el amor divino; él, pequeño de estatura, fue grande en sufrimientos; su mismo nombre ya lo indica: “Juan de la Cruz”. De una cruz que lleva a grandes dones divinos, que muchos desean obtener, pero sin tener que pasar por el camino estrecho que conduce a ellos. Llevamos la cruz porque no queda más remedio, pero nos quejamos y protestamos por el peso que hemos de llevar, y vemos la vida como una mala noche en una mala posada.

Hay personas que sí cargan con su cruz y lo hacen alegres, porque son capaces de amar: son los santos. ¿Es que ellos no tuvieron problemas? ¡Claro que los tuvieron!, pero se abrieron a una mirada diferente, porque supieron dónde está la fuente de vida que siempre brota. Los santos son un modelo, pero no quieren que les sigamos a ellos, sino a Jesucristo; san Juan de la Cruz lo expresa muy bien cuando dice: «Nunca tomes por ejemplar al hombre en lo que hubieres de hacer, por santo que sea, porque te pondrá el demonio delante sus imperfecciones, sino imita a Jesucristo, que es sumamente perfecto y sumamente santo y nunca errarás».