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Contemplar el Evangelio de hoy

Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)

6 de mayo: San Pedro Nolasco, religioso
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Texto del Evangelio (Mt 25,31-40): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

»Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’.

»Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber?’. ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’. Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’».

«Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy celebramos la caridad heroica y santidad de san Pedro Nolasco (c. 1180-1256), fundador de los Mercedarios. Cuando oímos hablar a Jesús del hambriento, del sediento, del forastero… (cf. Mt 25,35-36) comprendemos mejor la radicalidad de la entrega del Nolasco: él vio que Cristo estaba realmente presente en los cautivos de su tiempo.

Pedro no se limitó a compadecerse. Mercader de profesión, conoció de cerca el drama de tantos cristianos privados de libertad y, movido por la misericordia, comenzó a emplear sus bienes para rescatarlos. Cuando estos recursos se agotaron, pidió limosna para ellos y comprometió toda su vida en aquella obra.

León XIV describía así las circunstancias históricas de aquella época: «Entre finales del siglo XII y principios del XIII, cuando muchos cristianos eran capturados en el Mediterráneo (…), surgieron dos Órdenes religiosas: la Orden de la Santísima Trinidad, Redención de Cautivos (los trinitarios) y la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced (mercedarios) fundada por san Pedro Nolasco [en 1218], con el apoyo de san Raimundo de Peñafort, dominico. Estas comunidades de consagrados nacieron con el carisma específico de liberar a los cristianos esclavizados, poniendo a disposición sus bienes y a menudo ofreciendo su propia vida a cambio».

El prójimo necesitado no es un extraño, sino Cristo que nos visita: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40). Pedro no se conformó con una caridad cómoda, sino que vivió una misericordia que se hizo sacrificio, desprendimiento y entrega. Su pensamiento y su vida podrían resumirse en aquella lógica mercedaria: visitar, liberar y, si fuera necesario, dar la propia vida.

Pidamos a san Pedro Nolasco un corazón semejante al suyo: capaz de ver las cautividades de nuestro tiempo, conmoverse ante ellas y comprometerse. Porque ante Cristo Rey no contará cuánto hemos conservado, sino cuánto amor hemos sabido convertir en obras. Y quizá el Señor nos pregunte, también hoy: ¿a quién has liberado, consolado o servido por amor a Mí?

Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «Si Cristo se ha dignado tomar el rostro de cada pobre, si se ha identificado con todos los pobres, es para que ninguno de los que creen en Él se eleve por encima de su hermano (...), sino que lo acoja como a Cristo que ha derramado toda su sangre por nuestra salvación» (San Simeón el Nuevo Teólogo)

  • «Los mercedarios dieron testimonio de que la caridad puede ser heroica. La liberación de los cautivos era expresión del amor trinitario: un Dios que libera no sólo de la esclavitud espiritual, sino también de la opresión concreta. El gesto de rescatar de la esclavitud y de la prisión se considera una prolongación del sacrificio redentor de Cristo, cuya sangre es el precio de nuestro rescate» (León XIV)

  • «El deber de hacerse prójimo de los demás y de servirlos activamente se hace más acuciante todavía cuando éstos están más necesitados en cualquier sector de la vida humana. ‘Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’ (Mt 25, 40)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1.932)