Un equipo de 219 sacerdotes comenta el Evangelio del día
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Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)
«Haced discípulos a todas las gentes»
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)Hoy celebramos a san Adalberto de Magdeburgo (maestro de san Adalberto de Praga). Tres ejes caracterizaron su vida: renovación espiritual (monástica), acción misionera y organización institucional de la Iglesia. “Hombre de espíritu” y “hombre de acción”: no hay organización ni evangelización sin oración. El Papa León, al respecto, es contundente: «Si no estamos unidos a Cristo, del cual emana nuestra misión, todo lo que hagamos será en vano».
Los Apóstoles, antes de ser enviados, adoraron a Jesucristo: además de san Mateo (cf. 28,17), lo destacan los escritos de san Lucas: «Permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de la fuerza de lo alto» (Lc 24,49) y, cuando «recibiréis la fuerza del Espíritu Santo (…), seréis mis testigos (…) hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8).
Diez siglos más tarde, todavía quedaban lejanos confines por evangelizar: hasta allí llegó san Adalberto, jugándose la vida. Siendo joven, estuvo vinculado a la cancillería de san Bruno de Colonia, hermano del emperador Otón I el Grande, introduciéndolo en el círculo imperial. Esto sería decisivo en su futuro, pues todavía los grandes proyectos misioneros dependían mucho del impulso de los emperadores.
Renunciando a la vida de la corte, entró en el monasterio benedictino de san Maximino, en Tréveris (958). En 961 fue consagrado obispo y enviado al Rus de Kiev, pues la princesa Olga había solicitado un misionero de la Iglesia Católica. Como consecuencia de la oposición pagana, la misión tuvo un desenlace dramático y Adalberto se vio forzado a regresar, poniendo a prueba su humildad y perseverancia. En 966 fue promovido como abad del monasterio de Wissembourg (en Alsacia) y, dos años después, fue nombrado arzobispo de Magdeburgo.
Desde esta posición, Adalberto hizo de “arquitecto” de la Iglesia en Europa Central, ejerciendo el “oficio de enseñar” propio del sacerdocio («enseñando a guardar todo lo que yo os he mandado»): promovió la base institucional para una tarea pastoral de largo alcance, formando clérigos y estableciendo centros eclesiásticos para relanzar la evangelización. Los resultados no fueron inmediatos, pero su trabajo sentó las bases para la cristianización las latitudes de la Europa del Este, mereciendo el título de “Apóstol de los eslavos”.