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Contemplar el Evangelio de hoy

Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)

20 de junio: San Adalberto de Magdeburgo, obispo y misionero
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Texto del Evangelio (Mt 28,16-20): En aquel tiempo, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

«Haced discípulos a todas las gentes»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy celebramos a san Adalberto de Magdeburgo (maestro de san Adalberto de Praga). Tres ejes caracterizaron su vida: renovación espiritual (monástica), acción misionera y organización institucional de la Iglesia. “Hombre de espíritu” y “hombre de acción”: no hay organización ni evangelización sin oración. El Papa León, al respecto, es contundente: «Si no estamos unidos a Cristo, del cual emana nuestra misión, todo lo que hagamos será en vano».

Los Apóstoles, antes de ser enviados, adoraron a Jesucristo: además de san Mateo (cf. 28,17), lo destacan los escritos de san Lucas: «Permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de la fuerza de lo alto» (Lc 24,49) y, cuando «recibiréis la fuerza del Espíritu Santo (…), seréis mis testigos (…) hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8).

Diez siglos más tarde, todavía quedaban lejanos confines por evangelizar: hasta allí llegó san Adalberto, jugándose la vida. Siendo joven, estuvo vinculado a la cancillería de san Bruno de Colonia, hermano del emperador Otón I el Grande, introduciéndolo en el círculo imperial. Esto sería decisivo en su futuro, pues todavía los grandes proyectos misioneros dependían mucho del impulso de los emperadores.

Renunciando a la vida de la corte, entró en el monasterio benedictino de san Maximino, en Tréveris (958). En 961 fue consagrado obispo y enviado al Rus de Kiev, pues la princesa Olga había solicitado un misionero de la Iglesia Católica. Como consecuencia de la oposición pagana, la misión tuvo un desenlace dramático y Adalberto se vio forzado a regresar, poniendo a prueba su humildad y perseverancia. En 966 fue promovido como abad del monasterio de Wissembourg (en Alsacia) y, dos años después, fue nombrado arzobispo de Magdeburgo.

Desde esta posición, Adalberto hizo de “arquitecto” de la Iglesia en Europa Central, ejerciendo el “oficio de enseñar” propio del sacerdocio («enseñando a guardar todo lo que yo os he mandado»): promovió la base institucional para una tarea pastoral de largo alcance, formando clérigos y estableciendo centros eclesiásticos para relanzar la evangelización. Los resultados no fueron inmediatos, pero su trabajo sentó las bases para la cristianización las latitudes de la Europa del Este, mereciendo el título de “Apóstol de los eslavos”.

Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «Escuchad, eslavos, escuchad la Palabra que procede de Dios, la Palabra que alimenta las almas, la Palabra que lleva al conocimiento de Dios» (San Cirilo, patrono de Europa)

  • «Cada pueblo debe hacer que penetre en su propia cultura el mensaje revelado y expresar la verdad salvífica con su lenguaje propio. Esto supone un trabajo de “traducción” muy arduo, pues exige encontrar términos adecuados para volver a proponer, sin traicionarla, la riqueza de la Palabra revelada» (Benedicto XVI)

  • «Cristo envió a sus Apóstoles para que, ‘en su Nombre, proclamasen a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados’ (Lc 24,47). ‘De todas las naciones haced discípulos bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo’ (Mt 28,19). La misión de bautizar, i, por tanto, la misión sacramental, está implicada en la misión de evangelizar, porque el sacramento es preparado por la Palabra de Dios y por la fe que es consentimiento a esta Palabra» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1.122)

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21 de junio
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