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Contemplar el Evangelio de hoy

Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)

23 de Agosto: Santa Rosa de Lima, virgen (Patrona de América Latina)

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Texto del Evangelio (Mt 13,44-46): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.

»También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra».

«Vende todo lo que tiene y compra el campo»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy nos llenamos de gozo celebrando la primera santa (y patrona) del Continente Americano, santa Rosa de Lima (1585-1617). Ella encontró el “tesoro” (cf. Mt 13,44) y lo encontró porque rezaba. Jesucristo, nuestro “tesoro”, se deja encontrar fácilmente, pero hay que buscarlo. En efecto, mientras ella rezaba ante una imagen de la Virgen María, un día sintió que Jesús le decía: «Rosa, dedícame a mí todo tu amor». Ella estaba dispuesta a “vender” todo lo que tenía (cf. Mt 13,46), para poder pertenecer totalmente a Dios…

Pero no le resultó fácil la “venta”. Ella quería, pero su entorno —empezando por su propia familia— se oponía o, por lo menos, no se lo facilitaba. Se necesita siempre un esfuerzo; ¡hay que aferrarse a la Cruz de Cristo! Rosa tenía tan bien aprendida la lección que, según dejó escrito, ella habría deseado «ir en medio de las plazas para gritar muy fuerte a todas las personas: Escuchad, pueblos; escuchad todos: no podemos alcanzar la gracia si no soportamos la aflicción; es necesario unir trabajos y fatigas para conseguir la íntima participación en la naturaleza divina».

Ella hubiera preferido ingresar en un convento: ésta habría sido la solución más sencilla, dada la permanente oposición de su entorno. Pero Dios le dio a entender que Él la esperaba permaneciendo con su familia. Por este motivo, santa Rosa se vinculó con la Orden Terciaria Dominicana, tomando a santa Catalina de Siena como modelo. Y allí, en el seno de su hogar familiar, se entregó virginalmente al Señor, trabajando en el huerto de la casa y realizando labores de costura. Allí experimentó el gozo de la unión esponsal con Jesús y, así, pudo vivir con alegría las exigencias —en su caso, las espinas— de la vida familiar y social: «Ojalá que todos los mortales conocieran el gran valor de la divina gracia, su belleza, su nobleza. Nadie se quejaría, entonces, de sus cruces y sufrimientos» (Santa Rosa de Lima).

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