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Día litúrgico: 3 de Diciembre: San Francisco Javier, presbítero

Texto del Evangelio (Mc 16,15-20): En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien».

Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.

«En mi nombre hablarán en lenguas nuevas; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien»

P. Eduard MARTÍNEZ Quinto
(Mirasol, Barcelona, España)

Hoy contemplamos las últimas palabras de Jesús antes de volver al Padre. Es el momento anterior a la Ascensión. Son por tanto, las últimas palabras que los apóstoles escucharan de Jesucristo, así de viva voz.

¡Qué importantes son las últimas palabras de una persona antes de partir a otro lugar! Se guardan en el corazón en un lugar preferente. Más aún cuando aquella persona es el mismo Dios hecho hombre que viene al mundo y se entrega hasta la muerte, para liberarnos del mal, del pecado y de la misma muerte, dándonos Vida por su Resurrección. ¡Qué importantes son esas palabras! Importantes por quien las dice: Dios mismo. Importantes por su mensaje: el Evangelio. Importantes por el destinatario: el mundo entero.

¡Qué bien entendió estas palabras san Francisco Javier! Este gran misionero recorrió grandes distancias en la India, Japón y otras naciones, con el corazón encendido de celo misionero. Él, cumpliendo fielmente el mandato de Jesús, experimentó los signos que Cristo dice que acompañarán a sus verdaderos apóstoles: «En mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien» (Mc 16,17-18).

En efecto, su predicación y testimonio se veía acompañado por numerosas curaciones de enfermos. También se acercaban a él multitudes para ser bautizadas. En ocasiones, al llegar la noche, no podía mover la mano derecha debido al dolor, porque se había pasado todo el día bautizando. Además, junto con muchas dificultades, tuvo que aprender idiomas nuevos. Se cumple, así, lo que hoy nos cuenta el Evangelio.

También tú y yo, por el Bautismo, recibimos ese mensaje de Jesús que nos convierte en mensajeros de Dios, en apóstoles misioneros, portadores de la Buena Noticia. Guarda en tu corazón las palabras de Jesús y lánzate sin miedo a la aventura de llevar el Evangelio a todo lugar.