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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: 4 de Enero: Santa Elizabeth Ann Seton

Texto del Evangelio (Lc 10,38-42): En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada».

«Hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola»

Fr. Joseph A. PELLEGRINO
(Tarpon Springs, Florida, Estados Unidos)

Hoy celebramos la festividad de santa Elizabeth Ann Seton, esposa, madre, educadora, fundadora de las Hermanas de la Caridad, e iniciadora del sistema de escuelas parroquiales de los Estados Unidos, sistema por el cual una parroquia facilita la educación total para sus niños. Aunque Santa Elizabeth Ann Seton trabajó sin descanso estableciendo escuelas católicas a lo largo y ancho de los Estados Unidos, su objetivo principal y el de su congregación fue la vida interior. Se tomó muy en serio el mensaje del Señor en el Evangelio de hoy: «María ha elegido la parte buena» (Lc 10,42). La unión con el Señor a través de la contemplación, ejemplarizada por María de Betania, es mucho más importante que la constante actividad desplegada por su hermana Marta. Santa Elizabeth Ann Seton siempre animó a las Hermanas de la Caridad a conservar como un tesoro su vida interior. Así, escribió, «una vida interior significa la continuación de la vida del Salvador dentro de nosotros» y es la «dulce tierra prometida». Estaba muy claro para Santa Elizabeth Ann Seton, que, «hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola» (Lc 10,42) en la vida. Esa "única cosa" era estar en presencia del Señor.

Esta monja de los primeros días de la República Americana enseña al hombre moderno, y siempre ocupado, que no se puede conseguir nada que valga la pena a menos que esté hecho en unión con el Señor. El tiempo transcurrido en oración es esencial para hacer llegar a los demás la presencia del Señor. Porque la presencia del Señor entre su pueblo es la que atrae a los demás hacia Cristo.

¿No desea el sacerdote o el religioso tener éxito en su ministerio? ¿No desean el hombre o la mujer laicos fomentar a Jesucristo? ¿No queremos nosotros los cristianos atraer a los demás al Señor? En ese caso debemos saborear la presencia del Señor en nuestro interior. Debemos desarrollar la vida interior. Ésa es la "única cosa que importa".