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Contemplar el Evangelio de hoy

Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)

17 de Enero: San Antonio, abad

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Texto del Evangelio (Mt 19,16-26): En aquel tiempo, un joven se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?». Él le dijo: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». «¿Cuáles?», le dice él. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?». Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme».

Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos». Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: «Entonces, ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible».

«Vende lo que tienes y dáselo a los pobres (…); luego ven, y sígueme»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy —con emoción— celebramos la memoria de san Antonio, abad. Es uno de los Padres de la Iglesia más populares. Nacido en Egipto, vivió entre los siglos III y IV. Fue uno de los primeros monjes del cristianismo y pionero entre los eremitas: después de dar sus bienes a los pobres, se retiró al desierto para llevar una vida de oración y penitencia.

«Ven y sígueme» (Mt 19,21). Sí, nos “emocionamos” porque recordando la vida ejemplar de san Antonio vemos que la Iglesia tuvo muy claro el “método” desde sus orígenes: oración, oración, oración. Podrán cambiar los tiempos y las circunstancias, podrán cambiar las necesidades pastorales o, incluso, las discusiones doctrinales…, pero lo que nunca cambiará es el camino para seguir a Jesús: oración, oración, oración. ¡A Jesucristo se le sigue rezando! ¡A Dios se le conoce y se le alcanza orando!

Y este “método” es común para todos. Los monjes eremitas, como el caso de san Antonio abad, nos dan un testimonio radical que debe ser luz para los demás. No se trata de una actitud exagerada, sino de una opción radical, como radical —firme, decidido, intocable— es cualquier amor auténtico.

«Vende lo que tienes…». Para recorrer el camino de la oración hay que andar ligeros de equipaje. Si uno va excesivamente cargado de cosas no habla ni con Dios ni con nadie: ¡va a la suya! Aprendamos de Cristo: el Hijo del hombre, por no tener, no tuvo lugar confortable ni para nacer, ni para reclinar la cabeza durante su ministerio público, ni para morir.

«Dáselo a los pobres». San Antonio abad no se “refugió” en el desierto para “defenderse” de la gente, sino para darse a Dios y, en Dios, entregarse a los hombres. Precisamente, allí donde estuvo acudieron muchos para compartir su camino o para recibir su consuelo y orientación. «La oración que agrada a Dios es aquella que pasa del encuentro personal con Él a una vida consagrada al servicio de los demás» (Papa Francisco).

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