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Día litúrgico: 23 de Febrero: San Policarpo, obispo y mártir

Texto del Evangelio (Jn 15,18-21): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado».

«Todo esto os lo harán por causa de mi nombre»

Rev. D. Joaquim MESEGUER García
(Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España)

Hoy al recordar a un gran Padre de la Iglesia, san Policarpo, Jesús mismo nos muestra el contraste tan grande que hay entre ser de Cristo y ser del mundo. Así como persiguieron a Jesucristo, sus discípulos también serán perseguidos: «Si me han perseguido a mí, también os perseguirán a vosotros» (Jn 15,20). El discípulo ha de identificarse del todo con su Maestro y, para participar con Jesucristo en su resurrección, antes tendrá que compartir con Él su Pasión. La historia nos manifiesta que Cristo y su Evangelio son, desde siempre, signo de contradicción para el mundo.

Así lo entendió y lo vivió san Policarpo, nacido en Esmirna, en la actual Turquía, por entonces provincia romana de Asia Menor, y muerto mártir en esta misma ciudad después de haber sido obispo de la Iglesia local. Policarpo, cuyo nombre significa “fruto abundante”, había conocido al apóstol san Juan y había sido su discípulo; escribió una carta a los cristianos de Filipos (Grecia) para animarles a vivir en el seguimiento de Jesucristo. Así escribía a los primeros cristianos: «Ceñid vuestras cinturas y servid a Dios en el temor y la verdad, dejando a un lado las palabras falsas y el error de la multitud, creyendo en Aquél que ha resucitado a nuestro Señor Jesucristo de entre los muertos y le ha dado la gloria y un trono a su derecha».

Uno de los mayores peligros para los cristianos en tiempos de Policarpo era ciertamente la persecución, pero también eran peligrosas las desviaciones doctrinales que amenazaban con apartar a los creyentes de la fe verdadera y con destruir interiormente la Iglesia, peligros siempre actuales. Hay personas que se llaman creyentes, pero que, como dice Jesús, «no conocen a aquél que me ha enviado» (Jn 15,21). Hoy y siempre, estamos invitados a conocer verdaderamente a Dios y a seguir a Jesucristo, que para ello nos ayude la intercesión de san Policarpo de Esmirna.