Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: 11 de Agosto: Santa Clara de Asís, virgen

Texto del Evangelio (Jn 15,4-10): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden.

»Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos. Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor».

«Yo soy la vid; vosotros los sarmientos»

Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM
(Barcelona, España)

Hoy, día de santa Clara de Asís (a. 1194-1253), escuchamos un fragmento del Evangelio de Juan en el contexto de la Última Cena, en la que Jesús, despidiéndose de los suyos, a punto de marcharse, apunta una nueva manera de estar unidos a Él. Se va físicamente, pero podemos estar con Él mística y sacramentalmente.

En un fragmento tan corto, nos impresiona la repetición de la expresión “estar en” (o “permanecer en” y “mantenerse en”, según las distintas versiones). No dice “con”, sino “en”. No es una simple compañía, sino una intimidad profunda, comunión de vida con Jesús, semejante a la de la vid y los sarmientos.

El papa Francisco decía comentando este mismo fragmento: «Jesús es la Vid, y a través de Él, como la savia en el árbol, pasa a los sarmientos el mismo Amor de Dios, el Espíritu Santo». Recibimos la plenitud del Espíritu Santo cuando “estamos en” o “permanecemos en” Él.

Éste es el resumen concentrado de la vida de santa Clara: el “ser en” Dios, expresado en la unión entre los sarmientos y la vid, queda descrito por Clara en su cuarta “Carta a santa Inés de Praga”, donde explica la manera como ella misma vive esta unión: «Su amor cautiva, su contemplación nutre, su benignidad llena y su suavidad sacia; su dulce recuerdo ilumina, su perfume hará revivir a los muertos y su visión gloriosa hará felices a todos los ciudadanos de la Jerusalén celestial».

El Evangelio sugiere una gradación hasta llegar al mismo corazón de la vida en Dios: “ser en” comienza siendo una compañía, presencia, interioridad; después es circulación de amor, Ágape, saciedad, comunión; y acaba en el fruto compartido: el fruto pertenece a la vid, pero se manifiesta, crece y madura en los sarmientos.

Todo apunta a la perseverancia en este intercambio de vida: «permaneced en» (Jn 15,9) mi amor.