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Día litúrgico: 14 de Agosto: San Maximiliano Mª Kolbe, presbítero y mártir

Texto del Evangelio (Jn 15,12-16): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda».

«Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy celebramos a san Maximiliano Mª Kolbe (1894-1941), franciscano que fue martirizado en el campo de exterminio de Auschwitz. Las palabras de Jesús que hoy escuchamos —«Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos» (Jn 15,13)— se aplican literalmente a este santo mártir. En efecto, diez prisioneros iban a ser ejecutados por los nazis como represalia por un fugado del campo de concentración. Maximiliano se ofreció voluntariamente para ocupar el lugar de uno de aquellos diez, que estaba casado y era padre de familia.

Maximiliano y los otros nueve condenados fueron encerrados en una celda, sin administrarles alimento para que murieran de inanición. Allí Maximiliano todavía les prestó otro servicio heroico: mientras pudo, continuó celebrando la misa y alimentando a sus compañeros con el Cuerpo de Cristo. Este hecho nos recuerda el gesto de Jesucristo agonizando en la Cruz, cuando desde allí Él se ocupó de nosotros, disculpándonos y pidiendo perdón al Padre de parte nuestra. Jesús nos trató verdaderamente como unos amigos (cf. Jn 15,14) a quienes —con toda naturalidad— se les perdona la ofensa cometida.

La fecha del martirio fue, precisamente, el 14 de agosto, es decir, prácticamente en la vigilia de la solemnidad de la Asunción de María Santísima. Es bonito que esta fiesta tan solemne de Santa María haya quedado precedida por el “dies natalis” de san Maximiliano Mª, ya que él fue un “alma mariana”. Entre los sermones que predicó Maximiliano encontramos una argumentación de suma audacia: dado que para la concesión de la gracia más grande jamás otorgada a una criatura (la maternidad divina, ser “madre” de Dios) el Altísimo le pidió permiso a María, entonces —concluye el padre Kolbe— «no se otorga ninguna gracia sin que Jesús le pida permiso a María». Y, puesto que Jesús nos dio a María por Madre, el “sí”, el permiso lo tenemos siempre asegurado. ¡Éste sí que es un Amigo!