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Contemplar el Evangelio de hoy

Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)

22 de Agosto: Santa María Reina

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Texto del Evangelio (Lc 1,26-38): En aquel tiempo, fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.

El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin». María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.

«He aquí la esclava del Señor»

P. Joel PIRES Teixeira (Faro, Portugal)

Hoy, la Iglesia nos invita a mirar a Nuestra Señora como Reina. Pero no como reina con corona de oro, con un séquito distinguido y señorial. Esta Reina es la primera en servir. Como podemos leer en Lucas, a pesar de no comprender totalmente las palabras del Ángel, María dice: «He aquí la esclava del Señor» (Lc 1,38). La Virgen es una señal de cómo Dios mira a la humanidad: la humildad es el primer y último criterio a seguir. Encontramos en su Hijo, Jesucristo, Aquél que vive mejor esta humildad, hasta el punto de entregar su propia vida.

Hoy, al contemplar a María como Reina, también cada uno de nosotros ha de tratar de imitarla en aquel “sí” que Ella dio y que, a su vez, nos invita a dar. El camino de María no fue fácil; el camino del discípulo nunca es fácil. Sin embargo, el discípulo nunca está solo y Dios acompaña a los que confían en Él. Ésta es la certeza que Santa María recibe desde el primer momento y que nos da a cada uno de nosotros, para que —como Ella— seamos capaces de decir “SÍ”.

En la palabra del Ángel, María debe alegrarse, pues le dijo: «El Señor está contigo» (Lc 1,28). ¡He aquí el gran secreto de María! Ella es una mujer feliz, pues no se siente sola (la soledad es un momento oportuno para que el maligno ataque). María es bienaventurada, con un gozo fundado en Cristo, manifestado en todos los momentos de tensión: desde la Anunciación hasta el Calvario, Nuestra Señora se entrega sin temor ni miedo. La alegría expresa el sentimiento de quien vive en comunión con Cristo, que María experimentó desde el primer momento, y cuya expresión más alta se encuentra en la Eucaristía.

Celebrando este día precioso, también cada uno de nosotros recibe la llamada de confiar en el Señor y, así, ser testimonio de la “Alegría encarnada” que es Cristo Jesús. No siempre somos capaces de confiar, por esto, procuraremos en la oración Salve-Regina, de San Bernardo de Claraval, alcanzar fuerza y cercanía con María Reina: «Salve Reina, Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve…!».

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