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Contemplar el Evangelio de hoy

Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)

30 de Septiembre: San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia

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Texto del Evangelio (Mt 13,47-52): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «El Reino de los Cielos también es semejante a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?». Dícenle: «Sí». Y Él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo».

«Una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases»

Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM (Barcelona, España)

Hoy, leemos la parábola de la red que recoge todo tipo de peces. San Jerónimo, el hombre de la antigüedad que más y mejor estudió la Biblia, pone esta parábola en paralelo con la del trigo y la cizaña. En ambas parábolas el bueno y el malo coexisten, sin que estén marcados los límites que separan a uno del otro. En la vida real, los que nos decimos “buenos” quizá no lo somos tanto como nos pensamos; como tampoco hemos de considerar a los “malos” como casos perdidos. Un cambio siempre es posible, y lo podemos esperar en nosotros y en los otros. Dice el papa Francisco que «ahora es tiempo de esperanza, y que la esperanza, en principio, no descarta nada ni a nadie».

La alusión de Jesús al horno de fuego, a los lloros y al crujir de dientes (cf. Mt 13,50) no pretende herirnos ni desanimarnos. Todo lo contrario, lo que quiere es que tengamos viva la esperanza, que seamos previsores y que optemos ya ahora por el Reino de los cielos.

Sólo en la dimensión escatológica se discernirá quién es definitivamente bueno y quién no lo es. Por el momento, quien no es suficientemente bueno, siempre puede enmendarse. Al final es posible que aquel que considerábamos peor que nosotros, sea evaluado como bueno; y que quienes nos creíamos buenos, ¡quién sabe si nuestra bondad superará el riguroso examen que se nos hará!

En todo caso, la parábola deja entender que, en esta vida, nosotros no somos nadie para hacer ni el discernimiento ni la selección. No es de nuestra incumbencia. Hay que esperar al fin del mundo que es cuando el amo hará la elección definitiva.

Hacia el final, Jesús pone la cuestión que todo buen maestro pregunta a sus alumnos: «¿Habéis entendido todo esto?» (Mt 13,51). Nosotros, discípulos suyos, ¿qué le responderemos?

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