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Día litúrgico: 5 de Octubre: Santa Faustina Kowalska, religiosa

Texto del Evangelio (Jn 15,1-8): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos».

«Si permanecéis en mí (…), pedid lo que queráis y lo conseguiréis»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy es la fiesta de santa Faustina Kowalska (Polonia, 1905-1938), canonizada por san Juan Pablo II el año 2000. Jesucristo la eligió como su “secretaria” para la difusión de la devoción a la Divina Misericordia.

«Permaneced en mí, como yo en vosotros» (Jn 15,4), nos pide Jesucristo. Santa Faustina permaneció muy unida a Nuestro Señor, particularmente asociada a su Pasión. Fiel reflejo de la misericordia de Dios, sor Faustina ofreció generosamente su propia vida en expiación por los pecados de la Humanidad y por la salvación de las almas. Dios aceptó su ofrecimiento y, de hecho, santa Faustina murió afectada por muchos dolores que llevó durante años con paciencia y discreción. Hacia el final de su vida escribía: «Oh Jesús mío, haz conmigo lo que Te agrade. Dame solamente la fuerza para sufrir. Si me sostiene Tu fuerza, aguantaré todo. Oh almas, cuánto las amo».

Jesús no se deja ganar en generosidad: «Si permanecéis en mí (…), pedid lo que queráis y lo conseguiréis» (Jn 15,7). El amor de santa Faustina a Jesús era tan grande que con sus sufrimientos “ataba las manos” del Señor: «Una vez el Señor me dijo: ‘Hija Mía, tu confianza y tu amor impiden Mi justicia y no puedo castigar porque Me lo impides. Oh, cuánta fuerza tiene el alma llena de confianza». Incluso, naciones enteras deben su existencia a la intercesión de sor Faustina: «El día de hoy lo ofrecí por Rusia, todos mis sufrimientos y mis oraciones los ofrecí por este pobre país. Después de la Santa Comunión, Jesús me dijo: ‘No puedo soportar este país más tiempo, no Me ates las manos, hija Mía’».

Dios nos ha dado a conocer su infinita Misericordia: Él nos la brinda, pero no puede imponérnosla. Por eso, necesita pregoneros de su Amor misericordioso. Hoy el Señor también nos dice a cada uno, como a santa Faustina: «Necesito tus sufrimientos para salvar las almas. Une tus sufrimientos a Mi Pasión y ofrécelos al Padre Celestial por los pecadores».