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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: 22 de Octubre: San Juan Pablo II, papa

Texto del Evangelio (Jn 21,15-17): Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos y comiendo con ellos, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos». Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas». Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas».

«Apacienta mis ovejas»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, en la fiesta de san Juan Pablo II, consideramos el cuidado que Jesús tiene de sus Apóstoles: una vez más les ayuda a pescar y desayuna con ellos. ¡Entrañable! Pero notemos que el Señor dispensó un trato particular —síntoma de una llamada singular— a Simón Pedro.

En efecto, Jesucristo se lo lleva aparte y mantiene con él un coloquio muy personal. Tres veces le pregunta si le ama. ¡Tres veces que recuerdan las tres negaciones! Pedro de siente agobiado y, por eso, acaba respondiendo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero» (Jn 15,17), como diciendo, «a pesar de todo, —tú bien lo sabes— a pesar de mis debilidades, yo te amo». Tres veces, también, el Maestro tiene la delicadeza de confirmarle en su misión: «Apacienta mis ovejas».

Tal día como hoy el obispo polaco Karol Wojtyla fue elegido Obispo de Roma. ¡Qué respuesta tan difícil se le planteaba, consciente de las dificultades! Pero no era una cuestión ni de sus fuerzas ni de las circunstancias del momento, sino de la llamada de Dios. Poco después, el Papa santo lo rememoraba: «‘No tengáis miedo’. ¿De qué no hemos de tener miedo? No hemos de temer la verdad sobre nosotros mismos. Pedro un día tomó conciencia de ello, con particular vivacidad y dijo a Jesús: ‘Señor, apártate de mí, que soy un pecador’ (Lc 5,8). Pienso que no ha sido solamente Pedro quien ha tomado conciencia de esta verdad. La advierte todo hombre. La advierte todo Sucesor de Pedro. Y de manera particularmente clara aquel que, ahora, le responde».

Eran tiempos difíciles para la Iglesia, como también lo pueden ser ahora para nosotros. Tiempos que nos pueden hacer temblar… pero nunca negar ni dudar de Dios. En el 25º aniversario de su elección, san Juan Pablo II volvía al tema: «¿Cómo podía no temblar, humanamente hablando? Fue necesario recurrir a la divina misericordia para que, ante la pregunta: ‘¿Aceptas?’, pudiera responder con confianza: ‘En la obediencia de la fe, ante Cristo mi Señor, encomendándome a la Madre de Cristo y de la Iglesia, consciente de las grandes dificultades, ¡acepto!». ¡Haz tú lo mismo!