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Día litúrgico: 7 de Diciembre: San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia

Texto del Evangelio (Jn 10,11-16): En aquel tiempo, Jesús habló así: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.

«El buen pastor da su vida por las ovejas»

Rev. D. Joaquim MESEGUER García
(Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, nos damos cuenta de lo apropiada que es la imagen del buen pastor al hablar de san Ambrosio. «El buen pastor da la vida por sus ovejas», dice Jesús, y eso es lo que hizo san Ambrosio en su ministerio pastoral en Milán. Podemos afirmar que en aquella Iglesia local hubo un antes y un después de san Ambrosio.

A la muerte del arriano Auxencio, la elección del nuevo obispo de Milán se presentaba muy complicada, pues los partidismos y una fuerte división hacían temer lo peor; por esta razón llamaron a la policía de la ciudad con Ambrosio al frente para garantizar el orden. Ambrosio se estaba preparando para recibir el bautismo. En un momento de debate y polémica se oyó una voz: «Ambrosio, obispo». Los aplausos fueron unánimes y, ante la multitud que le aclamaba, no tuvo más remedio que aceptar la elección. En pocos días recibió el bautismo y las órdenes sagradas, y así llegó a ser el más insigne obispo de Milán.

Su ministerio se caracterizó por la firmeza, la caridad, la prudencia y su gran capacidad organizativa, virtudes con las que restauró la unidad de la Iglesia milanesa: «Por medio de la justicia, la verdad se cierne sobre las ruinas de las opiniones que antiguamente gobernaban el mundo». San Ambrosio cultivó el estudio de la teología, expuso la doctrina cristiana en sermones magistrales y fomentó la liturgia, por todo ello se hizo acreedor del título de Doctor de la Iglesia. Él fue quien introdujo en la vida cristiana y bautizó a san Agustín, cuya luz también brilló en la historia de la Iglesia.

«Yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre»; gracias a esta experiencia de oración y de conocimiento de Jesucristo, Ambrosio se convirtió en un pastor excelente a imagen del Buen Pastor.