Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día
200 sacerdotes comentan el Evangelio del día
Contemplar el Evangelio de hoy
Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)
»Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. Llegándose también el de los dos talentos dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’.
»Llegándose también el que había recibido un talento dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo’. Mas su señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes’».
«Llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno»
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)Hoy, Señor, «por la intercesión de san Juan Damasceno, te pedimos que la fe verdadera que él tan doctamente enseñó, sea siempre nuestra luz y nuestra fortaleza» (Oración colecta). A más de doce siglos vista, las luces aportadas por el Damasceno son de gran actualidad. Seguramente, todos convendríamos en situar a Juan dentro del grupo de los “cinco talentos” (cf. Mt 25,15), porque acogió e hizo rendir todo lo que le tocó vivir en su tiempo.
Este gran padre de la Iglesia Oriental fue, sobre todo, «un testigo del paso de la cultura griega y siriaca a la cultura del islam, que se abrió espacio con sus conquistas militares» (Benedicto XVI). Juan, procedente de familia rica cristiana, de joven ejerció como responsable económico del califato omeya. Sin embargo, no tardó en renunciar a ese trabajo y repartir sus posesiones entre los pobres, para entrar en el monasterio de San Sabas (Jerusalén). Ahí se dedicó al estudio y a escribir.
San Juan Damasceno nos enseña, por lo pronto, a apreciar la belleza de la creación como un gran don —¡una buena suma de talentos!: «Dios, que es bueno y superior a toda bondad, no se contentó con la contemplación de sí mismo, sino que quiso que hubiera seres que pudieran llegar a ser partícipes de su bondad. Así apareció en el horizonte de la historia el gran mar del amor de Dios por el hombre».
Y en un derroche de amor, «el Hijo de Dios, aun subsistiendo en la forma de Dios, descendió de los cielos y bajó hasta sus siervos, realizando la cosa más nueva de todas, la única cosa verdaderamente nueva bajo el sol». Con la Encarnación, la “materia” aparece como divinizada y es considerada como morada de Dios. ¡Nuestra fe comienza con el asombro ante la creación, ante la belleza del Dios que se hace visible!
De ahí que la fe cristiana —no así ni la judía ni la musulmana— ha podido inspirar su piedad en las imágenes, tanto de Jesucristo como también de los santos. Para Juan Damasceno, «las imágenes son el catecismo de los que no leen».
Pensamientos para el Evangelio de hoy
«Nunca cesaré de venerar la materia a través de la cual me ha llegado la salvación. Pero de ningún modo la venero como si fuera Dios. Yo venero y respeto también todo el resto de la materia que me ha procurado la salvación, en cuanto que está llena de energías y de gracias santas. ¿No es materia el madero de la cruz tres veces bendita? (...). Y, antes que nada, ¿no son materia la Carne y la Sangre de mi Señor?» (San Juan Damasceno)
«San Juan Damasceno es testigo privilegiado del culto de las imágenes, que ha sido uno de los aspectos característicos de la teología y de la espiritualidad oriental hasta hoy. Sin embar-go, es una forma de culto que pertenece simplemente a la fe cristiana, a la fe en el Dios que se hizo carne y se hizo visible» (Benedicto XVI)
«La imagen sagrada, el icono litúrgico, representa principalmente a Cristo. No puede repre-sentar a Dios invisible e incomprensible; la Encarnación del Hijo de Dios inauguró una nueva "economía" de las imágenes: ‘En otro tiempo, Dios, que no tenía cuerpo ni figura no podía de ningún modo ser representado con una imagen. Pero ahora que se ha hecho ver en la carne y que ha vivido con los hombres, puedo hacer una imagen de lo que he visto de Dios. (...) Con el rostro descubierto contemplamos la gloria del Señor’ (San Juan Damasceno)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1.159)