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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: 15 de Julio: San Buenaventura, obispo y doctor de la Iglesia

Texto del Evangelio (Mt 23,8-12): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros no os dejéis llamar "Rabbí", porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie "Padre" vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar "Directores", porque uno solo es vuestro Director: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».

«El mayor entre vosotros será vuestro servidor»

Rev. D. Antonio CARBAJO Porras
(Tinajas, Cuenca, España)

Hoy, el Señor hace como un paréntesis en sus palabras de "ataque" a los que dicen y no hacen y hacen lo contrario de lo que dicen. «Que tus obras sean la firma de tus palabras», decía san Antonio de Padua, también franciscano y doctor como nuestro santo.

«No os dejéis llamar "Rabbí" (…); tampoco os dejéis llamar "Directores" (…)» (Mt 23,8.10): Jesús invita a huir de la vanidad y de la soberbia, para poner nuestra meta en el servicio al hermano, con humildad, modestia y sencillez.

El Señor no prohíbe los títulos —que en una sociedad jerarquizada se necesitan— sino el espíritu de ambición y orgullo que esos títulos pueden acarrear. «Somos presidentes y siervos (…), sólo presidimos bien si servimos», nos decía san Bernardo. Y así lo supo hacer san Buenaventura aun estando en las más altas dignidades, pues fue nombrado obispo y cardenal.

Ni "maestro", ni "padre", ni "director"…, títulos casi sinónimos que sólo se deben aplicar a Dios, y que Jesús los subraya en esta triple sinonimia para que podamos cambiarlos por "humilde", "hermano" y "servidor".

Frente al orgullo de ser tenido por algo, Jesús nos dice que seamos algo por nuestro servir, amar y, en todo, imitarle y ser dispensadores de sus servicios como nos dice san Pablo (cf. 1Cor 4,1). Él es nuestro único maestro y nosotros lo somos por participación en el servir. Jesús nos subraya —y los santos nos lo recuerdan— algo que no debemos olvidar: ser humildes, ser servidores al estilo de san Buenaventura…

Santa María es nuestra madre y, antes que nada, Madre de Dios. Pues bien, su primer título —según el decir de Ella misma— es la de ser «la esclava del Señor» (Lc 1,38). Ojalá que nosotros —sus hijos— la imitemos. Ése será un buen camino para seguir al Maestro.