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Contemplar el Evangelio de hoy

Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)

21 de Noviembre: La Presentación de la Santísima Virgen María

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Texto del Evangelio (Mt 12,46-50): En aquel tiempo, mientras Jesús estaba hablando a la muchedumbre, su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con Él. Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte». Pero Él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

«Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre »

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy la Iglesia rememora aquel momento en el que la pequeña María entregó completamente su corazón al Altísimo. Santa Maria fue llena de gracia y sin mancha de pecado ya desde el primer instante de su concepción en el seno de su madre, santa Ana. Evidentemente, Ella no era consciente de este estatus, pero sí que era plenamente consecuente.

La tradición cristiana está convencida de que María —siendo muy joven— decidió dedicarse plenamente en alma y cuerpo a Dios. De hecho, éste fue el motivo por el cual tal día como hoy, pero en el año 543, en Jerusalén, se hizo la dedicación de la iglesia de Santa Maria la Nueva.

¡Lo que son los caminos de Dios!, frecuentemente discretos y siempre eficaces. En la antigüedad era totalmente impensable que una chica no fuera dada en matrimonio. Una chica “soltera”, ella sola, más bien era sospecha de lo contrario que pretendía María. Así pues, ¡cosas del Espíritu Santo!, la joven María quedó desposada con José. Sin duda la Divina Providencia había preparado un hombre santo —también nos lo imaginamos joven— capaz de cuidar a María tal “como Dios manda”.

No sabemos cómo, pero podemos suponer que María y José habían acordado entregarse completamente a Dios compartiendo un “matrimonio virginal” (algo también impensable). Si no era a través de este peculiar camino, ¿cómo se podía proteger la virginidad de Santa María? Seguramente san José era el único chico judío capaz de aceptar la misión de proteger la virginidad de María a través de un matrimonio también virginal. Los dos, como hermanos dedicados plenamente al querer de Dios.

Finalmente, resultó que ese matrimonio tan peculiar —virginal— fue el instrumento preciso que Dios preparó para “entrar” a su Hijo en la tierra, «nacido de mujer, nacido bajo la Ley» (Gal 4,4). «María concibió a Cristo por la fe en su corazón antes que concebirlo físicamente en su cuerpo» (San Agustín). También nosotros, imitando a Santa María, podemos concebir a Jesús en nuestro corazón mediante la fe y la obediencia a Dios, ya que «el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mt 12,50).

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